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La angustia de Lucía

Y volví a escuchar su voz a mi oído susurrando " Ser adulto es algo que se gana Lucía, tú y yo no somos adultos, crecimos pero nunca aprendimos nada."

Es cierto que sin importar mi edad yo siempre me encuentro en el mismo sitio después de un cierto tiempo. A pensar que cada persona que hallo en mi camino no me quiere con su propia alma pero con el alma de un amante viejo como el mundo. Vuelvo al punto de partida cada vez más vieja, más cansada y con el corazón cada vez más agrietado.

Y pensar que nací con un alma rota, ahora los pedazos deben acercarse a la fineza de la arena.

Acercó su rostro al mío y añadió "Seguirás habitando este mundo en ese cuerpo Lucía y jamás ningún beso te liberará de tu prisión."

Y entonces me llegó al corazón esa extraña sensación de que mis padres sabrían resolver esta angustia eterna, sabiendo, a pesar de todo, que ellos quizá tampoco eran adultos y quizá tampoco eran mis padres, esos padres celestiales que marcaron mi destino.

Sólo de una cosa estoy segura: desde siempre he estado sola y he sabido el peligro que represento para mí misma y los demás. No soy un fenix y mi alma jamás será tan pura como la suya, y aún así insisto en renacer sólo para darme cuenta que vuelvo al mismo miedo y al mismo vacío.

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